CERVANTES Y AMERICA

De muchas maneras puede iniciarse el enfoque de la relación entre Cervantes y el Continente americano . La primera, de tipo anecdótico, es, sin embargo, sugerente y significativa: enlaza la propia vida del escritor -si bien de modo intencional- al mundo recién descubierto.

El contacto vital.

Sabido es que hacia 1590 Cervantes, aduciendo orgullosa y melancólicamente servicios y desengaños, solicitó un cargo en las Indias.Acaso soñara, como su Celoso extremeño, regresar un día "rico y próspero, tocado del natural deseo que todos tienen de volver a su Patria, pospuestos grandes intereses que se le ofrecían, dejando el Perú donde había granjeado tanta hacienda, trayéndola toda en barras de oro y plata". He aquí, en todo caso, el famoso documento cervantino:" Pido y suplica humildemente -dice- cuanto puede a V. M. sea servido de hacerle merced de un oficio en las Indias de los tres o cuatro que al presente están vacos, que es el uno en la contaduría del Nuevo Reino de Granada, o la gobernación de la provincia de Soconusco en Guatemala, o contador de las galeras de Cartagena o corregidor de la ciudad de la Paz; que en cualquiera de estos oficios que V. M. le haga merced le recibiría, porque es hombre hábil y suficiente y benemérito para que V. M. le haga merced; porque su deseo es continuar siempre en el servicio de V. M ... " El Consejo de Indias despachó negativamente la petición con una frase despectiva: "Busque por acá en qué se le haga merced."Ricardo Rojas, el benemérito escritor, ilustre patriarca de la historiografía de la literatura argentina, publíc6 en 1916 este documento cervantino en facsímil y acompañado de una glosa emotiva y justificadora. De esta glosa extraigo las palabras que siguen:"Cervantes vino al mundo cuando Alvar Núñez regresaba del Plata; lo rescataron de los moros cuando Garay fundaba a Buenos Aires; publicó sus principales obras cuando aquí se iniciaba la Universidad de Córdoba; fue, por consiguiente, un testigo inmortal de nuestros orígenes. La sociedad española que su obra nos ha pintado es la que trajo a nuestro país los gérmenes primeros de nuestra cultura actual. Por Cervantes sabemos cómo vivían esos progenitores seculares, los vemos hablar, gesticular, pensar, sentir, Desfilan -protagonista de sus fábulas ~ soldados, frailes, estudiantes, pícaros, magistrados y mujeres, que por entonces pasaban a las Indias para fundar nuestra civilización. Por eso consideramos al mundo literario de Cervantes como un duradero nexo espiritual entre España y América, o mejor: entre la Europa del Renacimiento y la .Argentina en sus orígenes coloniales; mas no solamente por él vinculo externo del idioma, sino por el contenido social de su obra, y no sólo por el Quijote, sino por todas sus creaciones."

La proyección en la obra.

 

El segundo contacto lo constituye la huella que el fenómeno americano deja en el alma de Cervantes. Vitalmente los años de Sevilla -antepuerta del Nuevo Mundo- habían de hincar raíces en su corazón, y así unas veces cita la destreza de los jinetes mejicanos (Quijote, II, 10:) o alude a la riqueza de las minas del Potosí (ídem, II, 71). Conocidas son las frases, también, de El celoso extremeño, donde alude a las Indias como "refugio y amparo de los desesperados de España", "engaño común do muchos y remedio particular de pocos" .

 

Y un personaje de La Española inglesa habla de un proyectado viaje a Indias "común refugio de los pobres generosos". Otra alusión al Nuevo Mundo encuéntrase en El Licenciado Vidriera cuando describe a Venecia, "ciudad que a no haber nacido Colón en el mundo, no tuviera en él semejante: merced al Cielo y al gran Hernando Cortés, que conquistó la gran Méjico, para que la gran Venecia tuviese en alguna manera quien se le opusiese. Estas dos famosas ciudades se parecen en las calles, que son todas de agua: la de Europa, admiración del mundo antiguo; la de América, espanto del Mundo Nuevo."

 

Finalmente, es curioso el hecho, también aducido por Rojas, que sea el impresor de la edición ligboeta del Quijote en 1605 quien publicó los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega (1609) y quien había publicado en 1602 el mediocre y significativo poema de Barco Centenera La Argentina, presencia del Río de la Plata en la frondosa literatura heroica de nuestra Edad de Oro y fe de bautismo de la grandiosa República que un día habla de señorear el Continente Austral.

 

El quijotismo de América.

 

El tercer contacto lo constituye la infiltración bibliográfica cervantina en los territorios de América y partícularmente en los que hoy constituyen la República del Plata.

 

Uno de los hallazgos más curiosos y significativos que su fértil talento de investigador deparó a D. Francisco Rodríguez Marín, fué el que le permitió descubrir, analizando las listas de embarque de la Casa de Contratación de Sevilla, cómo la mayor parte de la primera edición del Quijote había pasado a las Indias.

 

Ello permitió, además, dos constataciones de gran interés: primera, que las famosas prohibiciones de 1532 y 1543 que vedaban el paso a América de libros de imaginación habían caldo en desuso y las novelas pasaban a Indias sin otros trámites que los que la Inquisición ponía a todos los libros que se publicaban. No es válida, pues, la afirmación, todavía firme en Henríquez Ureña, que explica por estos vetos la escasez de la literatura narrativa en la América colonial. Por el contrario, la segunda constatación que el afortunado descubrimiento de Rodríguez Marín permite formular es, justamente, la de la extraordinaria boga de los libros de imaginación ~caballería y aventuras~ que sobreviven, precisamente en América, a la crisis del escepticismo barroco que de modo tan exacto personifica el Quijote.

 

El relativo aislamiento cultural de aquellos pueblos y su necesario culto de la acción hacían posible y aun lógica la persistencia de estos géneros y aseveraban un substrato tradicional a la pura literatura de acción que había de dar un día las siluetas caminantes de Martín Fierro y de Segundo Sombra.

 

Pero hay, acaso, algo más profundo y trascendente en este perpetuarse del dinamismo caballeresco en tierras de América. Un tan vital testimonio del alma hispánica como Ventura García Calderón ha señalado reiteradamente este tema. "Afortunadamente -escribe refiriéndose a su patria peruana- la energía española sabe de resurrecciones del tercero día en el sepulcro. De golpe y porrazo nos vienen deseos de acometer hazañas de fábula tan desprovistas de cordura como las del Quijote, y afirmo aquí que nuestros revolucionarios de América suelen ser hijos espirituales de aquel peligroso caballero. Con un sincero yelmo de restauradores del país... salen a campo raso nuestros Quijotes. Mucho les será perdonado porque confundieron la libertad con Dulcinea." El quijotismo llega a ser una preocupación para los hombres de gobierno de Hispanoamérica. El propio García Calderón recuerda que Bolívar en cierta ocasión firmó una orden burlesca fusilando al Caballero de la Triste Figura, para que ningún peruano le imitase jamás... Con todo, el vitalismo, la centinela constante, el esfuerzo heroico persistieron en América cuando el pesimismo barroco hacía sonreír escépticamente a los pícaros de todas las plazuelas españolas. He aquí otro texto de García Calderón: "España somos tanto nosotros como los habitantes de las tierras que van de Gibraltar a los Pirineos. Sin tomar al pie de la letra el dicho de Unamuno sobre los Don Quijotes que se embarcan para América, mientras los Sanchos se quedaban en sus lugares, puede decirse que, durante dos siglos, por lo menos, se fue haciendo una selección de valentía, de audacia y de la voluntad de poder entre aquellos magníficos guerreros transformados en edificadores de ciudades."

 

Esta ambivalencia y esta conexión histórica entre Don Quijote y América ha sido estudiada por José Enrique Rodó, quien llega a resumir así su tesis: "La filosofía del "Quijote" es, pues, la filosofía de la conquista de América. América nació para que muriese Don Quijote, mejor, para hacerlo renacer entero de razón..."

 

Y más abajo, en un párrafo magnífico:

Mientras Rocinante, escuálido e inútil, fallece de vejez y de hambre, se desparraman por las pampas, los montes y los valles del Nuevo Mundo los briosos potros andaluces, los heroicos caballos del conquistador, progenitores de aquellos que un día habrán de formar con el gaucho y el llanero el organismo del centauro americano."

 

Desde un punto de vista más riguroso, y ya dentro de la bibliografía argentina, el prestigioso historiador chileno Jaime Eyzaguirre ha tratado análogamente el tema bajo los significativos epígrafes de América, meta de la Caballería. Don Quijote trasplantado. "El Nuevo Mundo -dice- campo de choque y batallar permite el reajuste de todas las jerarquías tradicionales y consagra... el mérito de los audaces."Y más abajo: "Para que una acción sea real empresa de caballería, es preciso que el héroe batalle con adversarios dignos, y por eso el español estuvo muy lejos de aminorar el valor del enemigo indígena que le quiso cerrar el paso. Ante sus ojos de caballero, el indio pasó a ser otro caballero...". En otro plano, finalmente, y para citar ya a un autor argentino, el novelista Alberto Gerchunoff, en un libro que estudiaremos oportunamente, ve en el quijotismo la imagen perfecta de España. "Esa es la España que amamos, y que vemos repetida... en los hombres valerosos de la verdad. La amamos en los españoles que vienen a nuestra América, a nuestra Argentina, con las manos prontas para el trabajo y que reanudan con su actitud el insaciable -caudal de energía de los descubridores, Ellos forman la España del Quijote."

Guillermo Diaz Plaja en

"Don Quijote en el país de Martín Fierro"Madrid,1952